Lisboa, diciembre de 2002
LAS CIUDADES SE HICIERON PARA SOÑAR
Si, es cierto. Vivimos en ciudades y las ciudades se convierten a
veces en otros mundos donde los ojos no descubren lo que debe ser
descubierto hasta cuando ya es demasiado tarde. Hablo de las ciudades
que habitamos y también de aquellas que visitamos de manera temporal.
No nos fijamos demasiado en las primeras; en cuanto a las segundas,
las comenzamos a descubrir cuando ya vamos de regreso a casa:
adormilados en el letargo que induce el ritmo de los trenes o la
nostalgia que nos asalta en el vuelo de regreso.
La ciudad nos habita, nos vive y nos respira. A veces nos mastica y
nos escupe de una buena vez. Otras veces nos traga por entero y sin
saberlo entramos a ser parte de su inenarrable sistema digestivo.
Al ver otras ciudades nos pensamos frente a algún monumento fabuloso.
Pocas veces nos pasa por la mente que la nuestra, la que hemos dejado
para viajar a otra -más atractiva, más soleada y sembrada de jardines-
es igualmente atractiva para el viajero que llega de visita allí donde
vivimos.
Viajar a otras ciudades es vivir de cierta forma un sueño. Todo tiene
un aire de irrealidad. Sus inalcanzables torres, su historia, sus
gentes, sus callejuelas sin nombre, echan a volar nuestra imaginación.
¿Quién controla ese cielo que cargado de nubes de blandos algodones
nos hace pensar que soñamos despiertos?
No sé si ustedes se preguntan estas cosas. Pero, éstas y miles más de
interrogantes afloran a mi mente cuando viajo a otras ciudades.



Como siempre la luz y las sombras…. acá es como la insición que acentúa el contraluz. Como siempre excelente.
Juan Calle
Que recuerdos… como si fuese ayer, cuando subía a diario por la calle Rua Mayor (Santander), ese instante húmedo de la mañana que nos permite situarnos en un rincón anónimo particular, rescatado del montón de los recuerdos olvidados. Por un segundo me he sentido en Lisboa, y en Santander, y en…
Gracias por una foto que ayuda a recordar.